Susurros del pulgar

Todos, alguna vez, necesitamos expresar nuestras sensaciones

 

Nueva sección dedicada a la libre expresión de los usuarios. Aquí se expondrán todos aquellos trabajos recibidos que, evidentemente, guarden relación con la sección y respeten unas mínimas premisas*. La idea es ir confeccionando un documento nutrido de aquellas impresiones que, seguro que en más de una ocasión, nos han motivado para imaginar o soñar con algún juego especial. Dichas impresiones deben ser en forma de “mini relato” (máximo dos hojas de Word), deben estar escritas con un mínimo de criterio y, sobretodo, con un mínimo de coherencia gramatical.

 

* Los trabajos deben mandarse a Briconsola@hotmail.com

No todos los trabajos se expondrán, solo aquellos que cumplan unos básicos requisitos ortográficos.

 

 

(Relato ficticio inspirado en la supuesta factoría flotante donde se construyeron las primeras Playstation3. Se rumoreó, en su momento, que los primeros modelos de Ps3 se construyeron en un barco en aguas del Pacífico. Desconozco si fue verídico, pero no me extrañaría nada, pues que mejor fábrica que una en la que sus empleados solo vieran la luz del sol para vomitar…)

 

¡Ya no puedo más! Espero que mi sufrimiento termine pronto, pues siento como las fuerzas me abandonan con cada nuevo hálito de aire… Tonta de mi, debí hacer caso a madre y jamás marcharme de Chehan, ir a Beijin fue un gran error. Es insoportable, este asqueroso barco me asfixia; me siento débil, me noto exhausta… Todo parecía tan bonito cuando embarcamos: bonitas palabras, un contrato prometedor, un sueldo decente, incluso la voz del señor Chu parecía afable. Ahora todo ha cambiado; nos obligan a trabajar dieciocho horas diarias, no tenemos ropa limpia, la comida escasea y aún no hemos visto ni un yuan. La gente está cambiando; la indecencia los contamina y se extiende como una plaga repugnante… Chu me da miedo; su forma de mirarme, sus palabras engañosas, sus excesos de confianza… ¡No lo aguanto más! Y pensar que estamos aquí, padeciendo, para entretener a los japoneses… debería odiarlos, pero soy demasiado joven para tenerles rencor. No conozco a ninguno y madre siempre solía decir que somos como hermanos. Todos odian a los japoneses, no obstante quién nos metió aquí fue nuestro propio gobierno… No sé que pensar, aunque poco me importa ya... ¿Y Shianwa? ¿Qué habrá sido de ella? No la veo desde que ingresó en cuarentena… Mihei me aseguró que oyó sus gritos en plena noche, entre llantos y gemidos. Estoy muy asustada; espero que no me encuentre, al menos que no lo haga a tiempo…

Siento como el corazón se va apagando. El dolor parece menguar… Me cuesta ya recordar,  pero aún tengo miedo. Me aterran sus pasos acercándose, Iwan me ha visto entrar y si él le pregunta se lo dirá sin reparo… Si pudiera hacer que mi sangre fluyera más rápido lo haría, pero ya no me quedan fuerzas para apretar los puños. El trocito de chapa que cogí de mi mesa me ha resbalado y no lo encuentro en medio de tanta oscuridad…

 

(se oyó un ruido resonante)

 

Yuhao! ¡Yuhao! ¿Estás aquí princesita? –dijo una voz amable-. No tengas miedo, sabes que jamás te haría daño querida…

 

Aquella voz no obtuvo respuesta, ni el frágil batir de un corazón a la deriva se oía en la sala… reinaba la paz, la oscuridad y un tenue olor a sangre derramada de una niña de tan solo trece años…

 

Seudónimo: Bricoman.

 

 

 

 

 

 

Abrió la puerta de la nevera y vio con pesar que sólo quedaba un sorbo de agua y varias sobras con mala pinta del día anterior. Llegó el día que tanto temía, el día de la huída.

Nunca había creído en las locuras que aparecían en aquellos programas sobre el fin del mundo y cómo sobrevivir, vaya, ahora le hacían falta algunos consejos para no convertirse en carroña para ratas y gusanos. Aún así, tenía guardados un cuchillo de supervivencia y una pistola de “nosesabequécalibre” para defenderse de la chusma que vivía en su barrio, ahora había chusma en toda la ciudad y seguramente no le bastaría con dos juguetes de excursionista. Era un hueso en medio de una perrera, y los perros tenían mucha hambre.

La línea telefónica no funcionaba y los vecinos a los que había llamado a la puerta no respondían, decidió volver a casa y prepararse bien, coger una mochila y llenarla con lo indispensable, un par de botellas llenas de agua del grifo, las armas, algo de ropa de abrigo y mucha esperanza. Se colocó el casco de la moto para ir más seguro pero marcharía a pie, la moto ardió en los disturbios contra aquellos delincuentes hacía tres noches, una moto nueva y sin acabar de pagar…

El resto de la ciudad no iba mejor, se veía humo de la ventana del salón, las sirenas iban y venían y se oían disparos y gritos constantemente como si el mundo se viniera abajo.

Se auto-convenció de que lo mejor que podía hacer era salir aquella noche, esconderse entre las sombras e intentar llegar a la comisaría, recogió una foto de su novia, pasó la mano por encima de sus libros de historia y de su televisión de cuarenta pulgadas y abrió la puerta, tal vez para no volver nunca más. Bajó las escaleras de los seis pisos con el corazón a mil por hora, en una mano llevaba la pistola con el seguro quitado y en la otra llevaba el cuchillo, aquellos delincuentes que habían hundido la ciudad en el caos no iban de bromas.

Ya en la puerta que daba a la calle se lo pensó otra vez, pero sin comida no haría nada, tenía que salir, tenía que pedir ayuda y averiguar si sus seres queridos estaban bien, o al menos… vivos.

Abrió la puerta de la calle, miró hacia los dos lados y no vio a nadie, entonces se lanzó al primer coche que se encontró, respirando aceleradamente primero miraba en todas direcciones y después corría hacia un lugar seguro. Había cadáveres por todas partes, de civiles y de policías, parecía que también había caído algún terrorista, muchos cuerpos estaban en muy mal estado. No era buena idea quedarse quieto.

Después de casi una hora, por fin tuvo algo de esperanza, había llegado a las cercanías de la comisaría, pero de puro milagro, uno de los ciudadanos se debió volver loco y le intentó morder, parecía que el canibalismo se había convertido en una solución para algunos desesperados, pero no lo era para él.

Llegó a la puerta de la comisaría, pero la puerta no se abría, todo estaba lleno de cadáveres, tanto civiles como de policías, debía buscar una solución.

-¿Qué es eso en el cielo? ¿Una estrella fugaz? Tal vez me dé suerte…

Treinta y cuatro segundos después, toda la ciudad voló por los aires.

Al día siguiente, los noticieros de todo el mundo se hacían eco de la noticia, todos los ciudadanos de los Estados Unidos lamentaban la destrucción de Racoon City por un misil lanzado desde un avión del ejército estadounidense, una decisión difícil del presidente… una mentira con graves consecuencias futuras…

 

Título: Esperanza entre el caos.

Seudónimo: Matad a Marcus Phoeníix.

Juego: Resident Evil.

 

 

 

 

 

 

Una esquina del pasillo central se convirtió en su refugio.  Donde antes brillaban los neones ahora sólo había oscuridad, al fondo todavía parpadeaba uno de ellos, como resistiéndose a acabar en un recuerdo de algo útil y permitiéndole ver las sombras de sus compañeros.

         Mientras constantes gotas de sudor frío recorrían su cara, rezaba por su vida, nunca había creído en Dios pero en ese momento creería en lo que hiciese falta con tal de salir de aquel lugar vivo y de una pieza. Respiraba despacio y se movía lo menos posible, había que pasar desapercibido mientras llegaba la ayuda, sólo era cuestión de tiempo puesto que el edificio completo contaba con la última tecnología y la máxima seguridad… el edificio contaba con la última tecnología… pero ya no contaba con la máxima seguridad.

         Lo que más le aterrorizaba era encontrarse con alguno de sus compañeros, se había vuelto muy peligroso encontrarse con alguien, de hecho ya había visto matanzas entre algunos de sus antiguos colegas que parecían poseídos por el peor de los demonios.

         Se oyó un crujido, alguien pisó un cristal del suelo mientras se dirigía a su posición y pareció como si el corazón se le fuera a salir del pecho, tuvo que apretar los glúteos y se arrepintió de no haber hecho la carrera de abogado como le aconsejó su padre varios años atrás. Era uno de sus antiguos compañeros que caminaba sin sentido, acabó entrando en una sala dónde antes el director de seguridad se había pegado un tiro en la cabeza… a salvo… de momento.

         Tenía el teléfono móvil guardado en su taquilla, “el sitio perfecto para guardar un teléfono en un  caso de emergencia en el que te estás jugando la vida con compañeros psicópatas”. Tal vez si intentara llegar a algún fijo de la oficina más cercana, sólo tendría que girar la esquina y… sí, la misma esquina en la que el becario a su cargo deambulaba, seguramente en busca de algo que comer después de tantas horas a puertas cerradas.

Entonces se oyó un extraño ruido, parecían pasos rápidos… ¡Disparos!... un sonido de radio… se veían unos haces de luz de linternas que después giraron y apuntaron al superviviente que habitaba la esquina.

         -¡Gracias a Dios! ¡Sáquenme de aquí! ¡Esto es un infierno!

 ¡BAM BAM!... ¡BAM!

 

         -Aquí Hunk, esta planta está limpia, nos disponemos a coger la muestra de virus y a salir del edificio. Corto y cierro.

 

Seudónimo: Matad a Marcus Phoeníix.

Juego: Resident Evil.

 

 

 

 

 

 

La tierra parecía desquebrajarse bajo mis pies. Un fuerte y grave ruido, seguido de un amenazador temblor, provenía de la montaña, augurando que mi destino estaba cerca. No comprendía muy bien la profecía, sin embargo, necesitaba creer en ella, pues, indudablemente, era la única manera de devolverle la vida…

Continué avanzando con el corazón en un puño. No sabía a que me enfrentaría, sin embargo la extraña luz me había guiado hasta allí arriba y, el aterrador ruido de esos pasos gigantes se hacía más y más latente a medida que avanzaba en el sendero. Agro no había querido seguir, algo de su instinto animal, lo había advertido… restaba, nerviosamente inquieto, atado a un árbol, mirándome y rechistando. Giré la vista y continué escalando los sinuosos peldaños de un monte, extrañamente, desgarrado. Nadie habitaba la llanura desolada; los últimos monjes que guardaban la vieja fortaleza habían desaparecido con el mismo olvido. Todos tildaron de locura la búsqueda de los colosos y, muchos de ellos, posiblemente ya me daban por muerto, sin embargo mi vida sin ella tampoco tenía sentido; debía intentarlo al precio que fuese.

 

Al llegar a una ancha y árida pradera, vi algo que jamás podré olvidar… No era un animal, tampoco un monstruo; nada de lo que mi imaginación había podido dibujar se reflejaba en él. Parecía roca viva; como si la propia ladera se desplazase lenta, perezosa, pero a la vez contundentemente. El brutal ruido de sus pasos, todo y estar aún lejos, penetraba en mi cuerpo. Cada vez que aquel ser pisaba la tierra, un frío cosquilleo recorría mi cuerpo ¿Cómo podré abatirlo? ¿Cómo un ser tan pequeño y frágil puede enfrentarse a algo así?

 

Curiosamente, no sentía miedo alguno; la excitación y admiración hacía aquella alucinante forma de vide me daban fuerza para ir acercándome, poco a poco. Con la proximidad descubrí detalles inalcanzables para la mente humana… ¡Pelo! ¿Cómo podía crecer pelo de la roca? A lo mejor no era pelo, sino vegetación… ¿Y el aliento? Ese vapor saliente de su boca bien debía ser provocado por algún tipo de respiración… Simplemente alucinante; nada cobraba lógica ahí.

 

Cuando estuve lo suficientemente cerca de él y, sin que me hubiera advertido aún, aproveché una de sus pausas para agarrarme, fuertemente, a una de sus pezuñas. Al reanudar la marcha, mi estómago experimento un cosquilleo indescriptible; nunca me habían gustado en exceso las alturas y, una simple zancada de aquél ser, representaba más del doble de una torre de vigía… Sin mirar abajo, sin pensar en el riesgo y, lo más importante, con su sonrisa dibujada en mi mente, fui escalando por aquél cuerpo rocoso hasta llegar a la altura de su cintura. Ahí, otra sorpresa me azotó; ¿una pared? Había una especie de barandilla construida por manos humanas… ¿Cómo podía ser esto posible? 

 

Dejándome balancear, aunque bien agarrado a aquella materia que, aún hoy, no puedo matizar si era pelo o matorral, miré hacía arriba. Una gran marca circular brillaba tenuemente en su nuca. ¿Sería ese su punto débil? Debía intentarlo, pues nada en claro sacaba quedándome ahí y, tarde o temprano, uno de los violentos vaivenes me despegarían. Continué escalando hasta llegar cerca de la marca. Parecía, por los movimientos más bruscos, que aquel ser había notado mi presencia. Me agarraba con todo mi aliento; sus azotes cobraban fuerza cada vez que intentaba tocar aquella extraña marca. Cogí la espada, justo en el momento que la criatura elevó su cabeza. Empuñé fuertemente la espada, pero resbalé. No pude hacer nada por agarrarme; reboté, duramente, contra varios obstáculos, hasta que una gran roca me paró de un seco golpe. Mi cuerpo estaba totalmente dolido y, tras comprobar que aún me podía mover, emprendí de nuevo el ascenso.

 

Penosa, pero a la vez heroicamente, fui trepando con la espada mordida, con rabia, entre mis dientes. Aguantando, una y otra vez, los esquivos y movimientos de la criatura, llegué frente a la mancha oscura. Me mantuve quieto, sin siquiera respirar y, a la primera ocasión que me dio, empuñé la espada y la hundí decididamente en la marca.

 

Un grito aterrador hizo vibrar todo su rocoso cuerpo; prosiguió un corto, pero inquietante silencio, un alto en los movimientos y, casi inmediatamente, noté como todo se desmoronaba. Miré hacía abajo y vi como sus brazos se despegaban del cuerpo y caían al suelo provocando una enorme nube de polvo ¡Dios mío! Aquello, sin lugar a duda era el final…

 

Cerré los ojos, pensé en ella y esperé lo inevitable…

 

Seudónimo: Bricoman.

Juego: Shadow of the Colossus-Ps2.

 

 

 

 

 

 

El Sol, con su cálido roce, me acariciaba los párpados regalándome una pizca de sosiego. Me sentía, físicamente obsoleto, por lo que aquél rudo asiento me parecía un regalo divino. Mi mente, confundida y asustada, intentaba ordenar y comprender todo lo que había pasado desde ayer.

A mi lado, aquella enigmática chica descansaba placidamente. Su pálida piel, junto a su frágil constitución me invitaban a protegerla en todo momento. La desconocía por completo y su voz me era extraña, sin embargo, el hecho de estar prisionera la colocaba en mi mismo plato de la balanza. Algo me decía que nuestros destinos no se habían cruzado por mera casualidad… Su magia me angustiaba, aunque en cierto modo, me hacía sentir seguro. Por más que lo intentaba, no llegaba a comprender como había podido mover aquellas enormes losas con solo tocarlas.

La oscuridad nos perseguía; dentro el alma notaba el frío desgarro de las sombras. Debíamos apresurarnos, ya que, cada instante perdido nos acercaba más y más a la liturgia del olvido. Debía despertarla, pero la visión de su bello y relajado rostro me frenaba.

 

“…madre, padre, no llego a comprender porqué sucumbisteis a sus presiones. Nunca os había importado la opinión del pueblo. No nací maldito, solo lo hice diferente... Pese a esto, os perdono y no os guardo rencor alguno...”

 

Seudónimo: Bricoman.

Juego: ICO-Ps2.

 

 

 

 

 

 

 

Era casi la hora del cierre, debía darme prisa si quería conseguir el juego el día de su lanzamiento. Así que, después de una jornada de trabajo asfixiante como pocas, y casi con la lengua asomando por encima de los labios, apreté el ritmo todo lo que pude. Entré sudando y un tanto mareado, casi no dejé el tiempo suficiente para que se abrieran las puertas automáticas acristaladas de la entrada, pero ¡Eh! ¡Soy escurridizo! Entré de lado y conseguí no dar la nota en el centro comercial.

 

¡Bien! Segunda planta: videojuegos e informática. Latiendo mi corazón a 1000 por hora y al estilo Terminador, fiché el juego en una de las estanterías. Tras proceder a agarrarlo fuerte con mis sudorosas manos, me calmé, tome aire y me dirigí al mostrador más cercano. No había ningún dependiente, aunque por las horas, puede que la mayoría ya se estuviera cambiando. Apenas unos segundos más tarde, y sin advertir a nadie, megafonía emitió el típico mensaje de cierre: “…estimados clientes, se procederá en breves minutos al cierre del establecimiento, gracias y perdonen las molestias…

 

Acto seguido, escuché un fuerte sonido, similar a una explosión, prominente de la planta inferior… Entonces, las luces empezaron a apagarse en dirección hacia mi persona; talmente parecía la típica película de terror serie B… sección tras sección se acercaba la oscuridad. Reinó la incertidumbre y, al momento, empezaron los gritos.

 

Seguía solo en la planta, con el juego en la mano, en la más absoluta oscuridad, pero de pronto, a escasos metros de mi, aparecieron decenas de puntos rojos que iluminaban con su ardiente aura las zonas más próximas a ellos. Corrí, sin saber de ninguna dirección y totalmente desorientado; exhalando al ritmo de una locomotora y tropezando con todo aquello que me era imposible de visualizar, inevitablemente, caí de bruces.

 

Al levantar la vista lo pude entender mejor, pues sobre mi agotado cuerpo se hallaban en pié, varios seres de aspecto infernal y poco amigable, que tras rugir y conseguir que me cagara encima mientras pensaba en mamá (a lo que debo añadir, que entre tanto, juntaba las botas cual Dorothy en el Mago de Oz, para que acabara la pesadilla) sonaron disparos de una potencia celestial, arroyando sin miramientos a las oscuras criaturas.

 

El portador de tal cañón del trueno se me acercó. Jodídamente flipado, y con peso de más en los “gayumbos”, me incorporé y comprobé, con mis propios ojos llenos de lagrimas que, el tipo duro en cuestión era un ¡puto Marine!

 

-¡Chaval! –exclamó-. Si quieres vivir, sígueme hacia ese portal -me dijo con voz de motero del infierno mientras señalaba hacia una especie de anomalía circular que se encontraba tras nosotros.

 

Velozmente me encaminé, sin embargo, la “chocoplasta” de entre mis piernas evitó que fuera todo lo grácil que hubiera deseado… Todo y este apestoso detalle, ¡lLegué! Le agarré de la mano, como si fuera una dulce niñita y nos arrojamos dentro de aquél extraño agujero. En menos de una décima de segundo me encontraba en otro lugar; uno polvoriento y demacrado, dejado por el tiempo y curtido por la inclemencia del viento y el oxido.

 

-¡Senores! ¡Esto es Marte! y nosotros -refiriéndose a todos los tipos uniformados que allí se encontraban-, somos ¡los Marines! El infierno se ha desatado, alguien ha propiciado su apertura en la tierra y ahora, los demonios, se han liberado.

 

-¡Joder! -grité en voz baja- Igual que en el ¡puto juego!

 

Lancé el juego al suelo, miré con odio su portada y lo pisoteé… Lo único que recuerdo después, es la aparición de una brillante luz y mi inesperado regreso al centro comercial, esta vez iluminado, lleno de cadáveres, marcas de sangre y un pestilente olor difícil de olvidar…

 

Tras destruir el juego, la puerta se cerró… Esa fue la única conclusión a la que pude llegar...

 

Seudónimo: Metalman.

Juego: Doom3.

 

 

 

 

 

 

El principio de la vida y la muerte.

 

En el principio no había nada, entonces llegó Él y creó la vida. Nos hizo a su imagen y semejanza, seres con un hambre voraz y un ansia infinita por destruir, por destruir todo lo que fuera diferente a nosotros. Nacimos en un mundo vacío, pero al poco, todo se llenó de texturas, colores, sonidos y sabores; esos sabores que tanto nos motivaban… el sabor de la carne, el sabor de la sangre….

Destruíamos a toda criatura que se cruzaba en nuestro camino; la poseíamos, la devorábamos y sembrábamos el miedo a nuestro paso. Él estaba contento, nuestro creador estaba contento.

 

Con el paso del tiempo, evolucionábamos. Nos convertimos en más efectivos, más peligrosos y servíamos a nuestro creador lo mejor que podíamos. Él nos regalaba más criaturas a las que poseer y comer. Especialmente nos gustaban las vibraciones de ese sonido al que después conocimos como “grito”, todos gritaban… Cada criatura a su manera, pero la esencia era la misma; el resultado del dolor, el resultado del miedo. No sentíamos otra cosa que no fuera, podríamos decir, placer por la muerte.

Él nos hizo así.

 

Durante mucho tiempo servimos a nuestro creador, cumplíamos su voluntad… hacíamos lo correcto…

 

Ahora, después de miles de años, somos la especie dominante; la más inteligente, la más fuerte y la más peligrosa, pero al comienzo de nuestra existencia necesitábamos algo con lo que sembrar el terror en el corazón de todas las criaturas que poblaban este mundo, entonces, Él nos puso un nombre, nos llamó: Virus T.

 

Seudónimo: Matad a Marcus Phoeníix.

Juego: Resident Evil.

 

 

 

 

 

 

Es de noche en la ciudad; en mitad de rascacielos y edificios de acero y hormigón, como cualquier día normal, se encienden las farolas iluminando las calles. Coches en mitad de la calle, alcantarillas que humean, luces de neón de los comercios anunciando sus productos… Todo igual que cada noche, menos una cosa: el ruido, o mejor dicho, el silencio. 

En una noche como esta, en mitad de una gran ciudad de Norte América, debería haber jaleo; jaleo de gente transitando y charlando en las puertas de los locales, jóvenes acudiendo a los bares, coches circulando… Sin embargo, esta noche no suena a nada; como de costumbre en los últimos días…

 

En mitad del silencio se escucha el estallido de una cristalera; suena por toda la calle, pues es el único sonido que se ha producido en manzanas.

         -John ¡despierta John! -susurra un joven.

-Si –responde John que en realidad no estaba durmiendo, tan solo pretendía descansar, ya que en estos momentos se hacía muy difícil conciliar el sueño.

-Si ¿Qué pasa? –preguntó-. Que si lo he oído ¿es eso lo que querías decirme, verdad?

-¿Qué puede estar pasando? -dice el joven en tono preocupado.

John quiere contestarle, pero cuando este va a abrir la boca se escucha otro ruido.

 

¡Bam - Bam! Dos disparos seguidos, luego otra vez el silencio.

 

-¡Joder, están disparando! Pensaba que no quedaba nadie en el barrio –dice el joven.

Se quedan callados y al poco tiempo se escucha un gemido, procedente de la calle.

-¡Peter! Coge esto y cierra la puerta con el pestillo, voy a mirar.

-¿Qué ocurre, debe de haber algún herido?

 

John entrega a su hijo Peter una pistola automática que llevaba consigo y se dirige a la calle. Observa hacia cada esquina y comienza a caminar hacia el ruido. Cuando se aproxima más comienza a escuchar una conversación. Por el tono, parece un hombre enfadado.

 

-¡Maldito cabrón! Querías asaltar mi tienda aprovechando que la ciudad ha sido evacuada ¿verdad? Pues has dado con el cabronazo que no debías cruzarte en este día…

 

En el suelo se encuentra tirada, una persona encapuchada con las manos sobre su pierna derecha, de la cual emana sangre. A su lado, a un metro de distancia, hay un hierro en forma de garrote.

 

-¡He, Amigo! ¿Que ha ocurrido?! –grita John desde la lejanía.

-Este mamonazo me ha roto los cristales para intentar robarme. Por suerte estaba recogiendo unas cosas de la tienda y le he alcanzado con mi escopeta.

 

La persona, tirada en el suelo, comienza a hablar.

–Maldito gordo; se supone que no hay nadie en la ciudad ¿Que cojones haces aquí? ¿Me quieres matar? Solo quería unas cosas tío… De saber que había gente no hubiera intentado robar. ¡Joder! como está el barrio de chungo…

-¡Por el amor de Dios, un puto negrata! –dice el dependiente encañonándolo con la escopeta.

-Espera, baja el arma. Estamos todos un poco nerviosos –dice John en tono apaciguador, intentando poner paz en el asunto. El chico no sabía que quedaba nadie por aquí; yo también hubiera forzado una puerta para llevarme alguna cosa de necesidad... Si no hubiera nadie como comprarías algo? Se tendría que coger por las malas ¿no crees?

 

Mientras tiene lugar la conversación, aparece otra persona; camina despacio y viste de azul. John no se da cuenta hasta que está cerca de ellos, sin embargo no se preocupa, pues advierte que viste el atuendo de la policía local.

-Mira por donde, un policía cuando lo necesitas...

-¡joder! –exclama el joven del suelo– ¿Que es esto? No estaba la ciudad evacuada ¿que pinta un madero aquí? Seguro que viene a joder a un hermano…

El tendero se da la vuelta y observa al policía; está muy nervioso y comienza a decirle:

-Oiga, agente, este tipo me quería robar… yo… he tenido que dispararle.

El agente no dice nada, solo sigue aproximándose.

El tendero conoce sus derechos y sabe que ha sido por defender su negocio, sin embargo, no está seguro de haber actuado bien, por lo que se fija en la herida del joven. Observa como sangra y como John está intentando ayudarlo a levantarse. Sin darse cuenta, el Policía se le abalanza encima, mordiéndole el cuello ferozmente. No puede ni llegar a gritar, pues las manos del agente le comprimen el cuello violentamente.

 

-¿Pero qué coñ…? -dice el joven apoyado en John-. ¡Hostia puta! Es lo que salía en la tele; la gente está perdiendo la cabeza…

John, sin decir nada, comienza a arrastrar al joven hacia la dirección contraria al policía; su instinto le dice que deben salir de ahí. Comienzan a caminar apresuradamente, sin detenerse, pero mirando cada cierto tiempo hacia atrás por si se aproximara el policía enloquecido.

 

¡Coño tío! ¡Se está comiendo al puto gordo! Salgamos de aquí, salgamos…

 

Al girar la esquina, en dirección al piso de John, se encuentran que la calle desierta esta ahora muy concurrida, son personas que caminan torpemente, despacio y silenciosamente.

-¡Mira tío! Hay gente. Pidamos ayuda.

Pero al escuchar la voz del individuo herido, la multitud se detuvo; sus ojos se abrieron y, entonces, de repente, empiezan a correr hacia ellos dos. Sin saber bien que hacer, se quedan paralizados. La multitud avanza a trompicones, algunos caen al suelo, ya sea por sus propios empujones, como por la multitud de objetos que hay esparcidos por el suelo… Parecen totalmente desesperados.

En mitad de la noche, a la luz de una inminente tormenta, se estaba celebrando una maratón; el silencio se rompió en gritos y gemidos aterradores. Parecía el fin del mundo, más cuando al aproximarse los cuerpos de la multitud estaban ensangrentados y mutilados…

-¡Joder! Son zombis, como en los videojuegos de la Xbox

 

“Extracto de un superviviente en la ciudad” Left 4 dead”

 

Seudónimo: Carnero.

Juego: Left 4 Dead.

 

 

 

 

 

 

Miro hacia el horizonte de Drakyrnia, el pueblo de mi raza, y del que ahora soy su jefe, tras recuperar la Corona. La conversación con el patriarca y el reciente torrente de información… no termino de asimilarlo todo.

 

¿Quién es esa tal Lady Nafia? Siento curiosidad por saber quién es…

 

Lo veo asqueroso; me es imposible aceptar el hecho de compartir sangre... Además, no puedo creer que mi padre contribuyera a procrear algo así... Un humano. Seré mestizo, pero mi corazón es Deimos, Drakyr. 

Mi vida está llena de interrogantes acerca de mi existencia; muy pocas dudas he podido despejar hasta ahora. Solo espero que el tiempo las solucione… Ahora mismo saldré en busca de la piedra del agua, no tengo tiempo que perder.

En un momento me veo arrastrándome por los conductos de ventilación para ayudar a Lilia y Lady Nafia. Aun así, no esperaba encontrar a mi madre. Una parte de mí decía que era imposible, mientras que la otra me susurraba que debía huir. No sé que me ha llevado a hacer esto, puede que quiera aclarar todas mis dudas viendo a… mi madre. Siento un gran vacío en mi interior y esta parece la única forma de calmarlo, aunque, en cuanto tengo a ese ser enfrente de mí, se me revuelven las tripas.

Sigo teniendo esa sensación, a pesar de que ella ha sido capaz de encajar una bala para salvarme. No sé que puede tener en la cabeza para ayudar a alguien como yo, que desea el exterminio de su raza; sin embargo, desperdicia su vida para alargar la mía, obligándome a llevarla a su casa para curar sus heridas, incurriendo en el mundo humano...

La vida de esta mujer parece importarme, más de lo que debería, para incluso velar por ella y asegurarme de que se repone del disparo. Por lo que parece sufre más de lo que quiere aparentar. Su mirada tiene un brillo distinto… de dolor y de felicidad al mismo tiempo. Incluso en sus últimos instantes de vida sigue sin perder esa expresión afable e intenta, por todos los medios, hacerme creer que soy muy importante para ella. ¿Cómo puede decir eso de alguien a quien acaba de conocer? Creo que nunca entenderé a los humanos.

Lilia nos mira con cara de preocupación, parece que las palabras de Lady Nafia le afectan a pesar de que estén dirigidas a mí. Es preocupante, la tos que tiene al hablar me tiene en vilo...

“Darc… yo… siempre… te… he… querido…” Y silencio… En milésimas de segundo, mi cuerpo ha sufrido un shock. Aparecen todavía más dudas, sentimientos, una punzada en el corazón que hace que el dolor se extienda dentro de mí.
“¿Cómo te atreves a dejarme así?” Esto es lo único que sale de mi boca en ese momento. Sé que Lilia se ha dado cuenta… No ha sonado en un tono arrogante y autoritario como el que acostumbro a usar con ellas. Ese agujero que ha aparecido en mis entrañas, ha transformado mi orden en un grito desesperado. ¿Por qué tengo todas estas emociones?, ¿cómo puede ser que una insignificante humana tenga la culpa de esto?

En momentos como este dudo de mi objetivo; parecen aflorar mis raíces humanas… Delma me dijo hace un tiempo que no pienso de la misma forma que los demás Deimos. Puede que se refiriera a esto, a los sentimientos que…

 

Quiero saberlo todo, pero en el fondo no sé nada de nada. Por esta vez debería hacer caso a la humana, no pierdo nada por ir a la Cueva de la verdad; puede que esté lejos y ni siquiera sepa cómo llegar, pero sé que el destino proveerá. He pasado por peores momentos y, en estas circunstancias, es cuando no debo dudar, ni de mí, ni de mis metas. Sin embargo, creo que estas últimas quedarán aparcadas hasta que todo este asunto esté aclarado.

 

Seudónimo: Carrera091.

Juego: Arc; El crepúsculo de las almas.

 

 

 

 

 

 

¿Por qué?

 

¿Por qué el ser humano ha jugado a ser Dios?

 

Una gran pregunta con una respuesta difícil de asimilar para las pobres almas que poblamos este yermo. No me quedaba nada en esta existencia, así que, nuevamente, me dispuse a adentrarme en la torre buscando algo más de luz sobre esa respuesta.

 

Mientras atravesaba las ruinas de lo que, seguramente en otros tiempos fue un lugar tranquilo y pacifico donde las gentes vivían y se relacionaban, a mi alrededor solo veía las atormentadas y deformes almas de personas que habían jugado con la conciencia de sus semejantes. Un poco mas adelante, y como en anteriores ocasiones, ante mi, firme e impasible aparecía la figura de ese al que llamamos ángel…

 

-¿vas a ir, verdad? no has tenido suficiente y pretendes cometer los mismos atropellos que tus semejantes en épocas pasadas.

Pase frente a él, contuve la respiración y me gire

-¡Si, iré! Esta vez si se me concederá la oportunidad de ver, con mis propios ojos, si todo eso que dices es verdad.

 

Puse un pie sobre el transportador y en una fracción de segundo estaba en el interior de ese gigante pétreo que guardaba la ansiada respuesta a todas y cada una de mis preguntas. Camine unos pasos y, en ese preciso momento, comencé a ver una luz al fondo del pasillo; era imposible distinguir nada, y más imposible perecía el hecho de que Él fuera a estar frente a mi en tan poco tiempo. Recordaba que, la ultima vez, me costo ascender mas de cuarenta plantas… Era difícil determinar nada en esta torre, te agotaba, te desorientaba y te hacia ver cosas que no sabias a ciencia cierta si eran recuerdos de una vida pasada o vivencias del momento.

 

Seguí avanzando por el estrecho y oxidado pasillo; todo estaba en calma. Ya no escuchaba los gritos y gemidos de anteriores ascensos; ascensos en busca siempre de la misma cosa: saber, conocer el motivo de la decadencia del mundo y de la psique del ser humano… “ser humano” Me costaba ya entender el significado de la palabra. Éramos peones de un juego cruel, ¿o siempre había sido así? Teníamos que entrar en la torre para buscar respuestas, o encontrar un patético final.

 

Por fin, y mientras mis pensamientos me mantenían lejos de este lugar, tuve frente a mi ese resplandor calido y a la vez perturbador.

-¿Una ultima memoria perdida, o quizás el alma de otro pobre desgraciado que tratando de despertar de su dulce sueño se encuentra sumido en la peor de las pesadillas?

El pulso me temblaba, quizás por el miedo o quizás por la emoción. La sujeté entre mis manos y, solo con tocarla, se desvaneció. ¿Qué había sido eso? No terminaba de entenderlo

 

Tome el ascensor y, tras ese, otro. Así planta tras planta continuaba mi ascenso en busca de algo que jamás deberían de habernos ocultado. Después de ascender mas de cincuenta plantas llegué a una enorme sala con grandes ventanales desde, los cuales, se podía ver hasta que punto el mundo se había deformado. Las personas ya no éramos personas, solo aprendices de dioses con la capacidad de manipular el cuerpo y el alma de nuestros semejantes. Tras echar un vistazo a la sala, por fin, allí sentado en un pequeño trono, estaba ÉL.

 

-hijo mió; has llegado ¿Qué será esta vez? ¿As venido a matarme? ¿Te unirás a mí? ¿Qué hijo, responde?

 

En ese preciso momento, mientras me acercaba, de la nada apareció el Ángel.

-Detente, ¿acaso buscas destruirlo todo otra vez? ¿En todo este tiempo no has tenido bastante? ¿Quieres hacerlo una vez mas?

En ese momento me quedo claro que no era cuestión de un mundo destruido o degradado; aquella luz, aquellas personas, esas almas deformes…

 

-¡Despierta! ¡Despierta! Es inútil…

 

Ahora lo veía claro; no era el mundo el que se había deformado, sino yo el que lo había deformado para darle sentido a mi patética vida.

 

-¡No tiene sentido! Lleva así durante mucho tiempo, aislado, viviendo una fantasía que le mantiene con vida. Este es Alex, uno de los muchos jóvenes que decidió buscar su mundo perfecto en las orbes de la consciencia, perdiendo noción de todo lo que le rodea; viviendo en su mundo perfecto…

-¡Pero señor! Pensaba que las orbes de la consciencia se destruyeron hace ya mucho tiempo.

-Si, así fue. No obstante, estas personas, que decidieron jugar a ser dioses, sienten la necesidad de poner orden en su mundo antes de poder despertar de él… pobre ilusos.

 

Seudónimo: Santiw.

Juego: Baroque.

 

 

 

 

 

 

La habitación daba vueltas. Se sentía mareado, aturdido… ¿Qué pasó anoche? Solo recordaba pequeños fragmentos inconexos. A su lado yacía una desconocida: larga melena rubia, un tatuaje en forma de estrella en su hombro derecho… dormía profundamente.

Al ponerse en pie sintió un dolor intenso, como si le golpearan la cabeza con un ladrillo. De nuevo, no encontró respuestas en su memoria. Se dirigió al lavabo tambaleándose. Se aclaró la cara con agua fría y se miró en el espejo. Estaba hecho un desastre, y lo que tenía peor pinta era la brecha en su cabeza… Se sentó en el retrete e intentó recordar lo sucedido el día anterior. Había comenzado como cualquier otro viernes: madrugón y al trabajo. Su socio, como de costumbre, llegando tarde, aunque nunca le echaba la bronca porque eran como hermanos. Después de arreglarse, vuelta a encontrarse para salir de fiesta. Aquella noche habían decidido probar algo nuevo: setas alucinógenas. Fue en ese momento cuando el día dejó de ser un viernes como cualquier otro. A partir de ahí todo eran visiones borrosas y sin sentido… Una pradera con tortugas, un viaje por las cloacas, balas de cañón silbando alrededor, plantas carnívoras… Lo último que recordaba era una pelea en una discoteca; según el sello que aún conservaba en su mano izquierda el local se llamaba Nivel 8-4.

Se incorporó y volvió a la habitación. Apoyado en el marco de la puerta contempló la figura esbelta de la muchacha. Ahora recordaba que la pelea había sido por ella…    

 

Seudónimo: Galvan.

Juego: Super Mario Bros.

 

 

 

 

 

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