ADICCIÓN; ¿CÓMO COMBATIRLA?

 

Posiblemente no sea yo la persona más adecuada para hablaros de este tema, pero llevo muchos años con los guantes puestos y he podido entrever las orejas al lobo en más de una ocasión. Por este motivo he decidido exponer mi particular visión al problema por si puede servir de ayuda a alguien.

 

Esta misma semana, chateando por watsaap con mi buen amigo GTRTS1_ES, abrimos la caja de Pandora… Los dos somos padres desde hace tiempo y nos preocupa bastante la adicción que puedan llegar a sufrir nuestros peques. Compartimos un mundo en el que, por bien o por mal, todos los niños y jóvenes, tienen un acceso casi ilimitado al entretenimiento visual. Ya sea por medio de la TV, una tableta, la consola o el móvil, muchos de nuestros niños y adolescentes sufren una sobredosis de pantalla que no ayuda en nada a evitar una posible adicción a la tecnología. Aplicaciones, juegos, redes sociales, vídeos… Un sinfín de distracciones (demasiado accesibles) que, en la mayoría de casos, son, como mínimo, imprescindibles.

 

Toda corriente tecnológica tiene su punto positivo, pero, desgraciadamente, siempre tendemos a postrarnos ante su lado más oscuro. Vivimos demasiado pendientes de un aparador virtual en el que mostramos todo aquello que no somos capaces de alcanzar en la vida real. Dos mundos totalmente antagónicos: una vida   plena en facebook (donde todo el mundo sonríe y se lo pasa en grande) y una mierda de rutina en casa. Miles de seguidores en Instagram y a la hora de la verdad ni un solo amigo que nos ayude. Admiración ciega a youtubers o influencer para esconder nuestra falta real de criterio… En definitiva: mucho aparador y poco género.

 

 

Si nosotros, que hemos llegado aquí pasito a pasito (como bien dice la canción…), viendo y viviendo dicha evolución tecnológica desde sus inicios, ya somos tan lerdos como para llenar las redes sociales de fotos de nuestros hijos desnudos (o en bañador) o de miles de detalles de nuestra vida privada que, sinceramente, tan solo debería importarnos a nosotros; ¿Cómo actuarán nuestros hijos que se han visto implicados en este meollo sin comerlo ni beberlo? 

 

Sí, es verdad que ellos aprenden muy rápido porque ya lo han conocido así, no obstante, paradójicamente, son los que se llevan las ostias más fuertes. Bullyings, acosos, dependencia de modas absurdas, adicciones, accidentes… Todo por conseguir el mejor selfie o para lograr aquél vídeo viral que les convierta en ganadores de la noche a la mañana.

 

 

¿Vale la pena que crezcan así? ¿No tenemos nada que decir nosotros al respecto? ¿Es normal que el juguete más preciado de un niño de 9 años sea un móvil con watsaap? ¿No será que nos ciega el egocentrismo y no somos capaces de ver qué papel debemos desempeñar como padres? ¿Cuántos de nosotros perdemos el tiempo en facebook o Instagram y no somos capaces de jugar ni cinco minutos con nuestros pequeños?

 

Pido disculpas por la parrafada… esto tan solo debería ser la introducción al documento, pero es que cuando me suelto soy capaz de llenar de tinta el firmamento. Suerte que la tinta no brilla porque sino las estrellas se verían eclipsadas por símbolos, almohadillas y estúpidos emoticonos que presuponen los sentimientos…

 

A lo que iba el documento:

 

LA ADICCIÓN A LOS JUEGOS (totalmente aplicable a cualquier cosa que lleve pantalla y emita luz) Y CÓMO COMBATIRLA.   

 

Todos conoceremos casos de niños (y no tan niños) adictos a algo: TV, consola, tableta, móvil… De hecho, por alguna extraña casualidad de la vida, siempre es el amigo de…, el vecino de…, el hijo de… pero nunca pasa en casa. Si hacemos un ejercicio de honestidad con nosotros mismos, muchos de los que estemos leyendo esto, alguna vez, hemos sufrido un cierto grado de adicción a los videojuegos.

 

Los que ya rebasamos los cuarenta, vivimos una época en la que no se podía salvaguardar avance con tanta facilidad como ahora, por lo que no era raro terminar una partida a regañadientes o con los mofletes enrojecidos de rabia por haber discutido al tener que dejar una partida a medias… Jugar cuatro o cinco horas seguidas para terminar un jodido juego, en el que cada pantalla era igual a la anterior (aunque con distintos colores y formas) con la presión añadida de saber que la cuenta atrás para comer o cenar llegaba a su fin... O, simplemente el hecho de cabrearnos una y otra vez porque el juego era tremendamente difícil y golpear el teclado, el mando o el escritorio sumidos de lleno en un ataque de ira… Esto, amigos míos, ya podría considerarse adicción.

 

 

No obstante, antes no había Internet ni partidas online, ni ránkings absurdos, ni youtubers que ridiculizaran nuestras hazañas, por lo que es obvio entender que, ahora, es mucho más fácil caer en la adicción por el mero hecho de querer ser los mejores.

 

No sé si conoceréis un juego llamado FORNITE (JOER, quién no lo conoce…). Un “churrijuego”, con una buena base jugable, que ha sabido enganchar a todos con un reto muy simple: ser el que tiene más puntuación. Repetir una y otra vez la misma partida para poder convertirnos en un MASTER y farolear al respecto… 

 

 

Pues resulta que este juego es uno de los culpables de que miles de niños se hayan convertido en auténticos adictos a la consola. Pero ¡COÑO! luego es cuando mi lento procesador cae en la cuenta de que FORNITE es un juego online que precisa de conexión a Internet para funcionar y ya estamos, de nuevo, en la línea de salida: ¿Quién facilita el hardware para jugarlo? ¿Quién facilita la conexión a Internet?

 

Pido disculpas otra vez por mi tono apocalíptico y por citar a FORNITE como ejemplo de algo tan malo que en realidad no es, pero comprenderéis que es muy complicado hablar del tema sin desquiciarse o andarse por las ramas… 

 

La adicción a los juegos es un problema que debe ser analizado de base para ser comprendido y, posteriormente, neutralizado. El propósito de todo juego es ser el más adictivo del mercado y llamar la atención del máximo de usuarios. Esto no es en absoluto malo, al contrario, es de recibo reconocer el mérito de sus creadores. Lo que realmente debe preocuparnos, es el uso que nuestros hijos hagan de él. No vale la excusa de no entender de videojuegos, porque hay mil maneras de informarse y, además, con solo usar un poco la lógica ya lograremos un buen criterio para combatir cualquier indicio de adición.

 

 

COMUNICACIÓN: El Juego es solo un juego. Una opción para cuando no haya nada más que hacer.

 

Es VITAL enseñar (y convencer) a los peques acerca de qué son los juegos y como se usan. No debemos preanunciarlo como algo peligroso, con algún tipo de riesgo, o como algo que solo les dejaremos hacer cuando queramos y en muy pocas ocasioness… Ellos deben entender que el videojuego es como cualquier otro juego: un pasatiempo para cuando no haya nada más que hacer. Un juguete electrónico con el que podrán interactuar y al que podrán acceder siempre que quieran. Obviamente, esta es la teoría que usaremos para no llamar demasiado su atención acerca del producto, pero sí es verdad que debemos introducir el juego poco a poco y de forma gradual. Además, siempre deberá primar el juego colectivo (no electrónico), los juguetes físicos, el deporte y las obligaciones varias. El videojuego debe quedar relegado como premio (jamás anunciado con anterioridad y como tal) a cualquier actividad que nosotros consideremos correcta (actividad física, juego al aire libre con amigos, excursión familiar…). Debemos hacer como que el videojuego carezca de toda importancia más allá de la que tiene como pasatiempo.

 

También es bueno no poner límites muy severos con relación al tiempo de utilización. Esto, que a priori puede parecer una contradicción a favor de la adicción y la propia salud del niño puede jugar a nuestro favor si lo sabemos utilizar. No se trata de no controlar el tiempo de juego. NI MUCHO MENOS. Tan solo se trata de usar un poquito la lógica: el videojuego tiene que ser introducido a la vida del niño poco a poco. Primero en forma de partidas compartidas con padres y hermanos (cortas y de vez en cuando) y más adelante ya con más asiduidad y en solitario. Cada niño es un mundo y no todos responderán igual ante los estímulos de los juegos, pero sí que casi todos querrán más de lo que les ofrecemos.

 

Aquí radica el tedioso tira y afloja de todo tutor. Lo suyo es que en edad escolar no se usen los videojuegos durante la semana, quedando relegados al viernes por la tarde (al terminar los deberes) o al sábado y domingo. Al principio, con un solo día a la semana o cada quince días ya es suficiente, aunque vuelvo a repetir que no es tan importante el tiempo de uso como la asiduidad. Es mejor dejarlos jugar el sábado, dos o tres horas seguidas*, que media hora cada tarde durante la semana. El hecho de poder jugar más días y poco tiempo, crea una dependencia del momento que no es nada buena. Pensad que media hora jugando pasa muy rápida, por lo que siempre les parecerá insuficiente. En cambio si no se habla del tema juegos hasta el fin de semana, ellos mismos ya asociarán el fin de semana a los videojuegos y luego, si solo les dejamos jugar un día, pues al menos que se lo pasen bien durante un buen rato.

 

*NOTA: es obvio y muy importante que por tema de salud se sigan unas pautas muy básicas (y lógicas) con los juegos: descanso de diez minutos cada hora de juego, jugar en habitación con luz, jugar a dos metros (mínimo) de la TV, al principio nada de usar auriculares…

 

No obstante, las idea que me gustaría dejar clara, en este primer punto, es básicamente una: mejor poco y sin excesivos límites que mucho y muy limitado. 

 

Puede ser buena opción jugar, como premio no anunciado, el fin de semana, después de terminar los deberes y tras nuestra corrección de los mismos, no vaya a ser que los hagan deprisa y mal para poder jugar antes…

 

 

ENSEÑAR A JUGAR Y ESCOGER BIEN LOS JUEGOS.

 

Otro punto super importante es escoger bien los títulos. Debemos escoger juegos acordes a la edad del niño y a su nivel de manejo del mando. No hace falta que os diga que TODOS los niños adoran y controlan los juegos de tableta ¿Por qué? Pues porque se comandan con uno o dos dedos y su mecánica es muy simple, tanto, que con el tiempo les motiva más instalar juegos y probar que no jugar a los ya instalados…

 

Si queremos sacarles un poquito de la locura de las tabletas o móviles y queremos enseñarles a jugar a juegos clásicos, no hace falta decir que deberemos empezar por juegos de plataformas o puzzles (acordes a su edad) de manejo simple: mandos de dos o tres botones. Si damos, de golpe y porrazo, un dualshock a un niño y un juego como puede ser Tomb Raider, de bien seguro terminará por abandonarlo y volver, otra vez, a la tediosa pantalla táctil.

 

¿Por qué es importante enseñarles a jugar a juegos clásicos? Pues porque aprendan que la finalidad de un juego es pasarlo bien avanzando niveles y que deben disfrutar los desafíos del nivel en sí, no solo el reto de superar el juego. Como ya he avanzado, la mayoría de juegos infantiles de tabletas son cutrejuegos de maquillar, hacer comida o chorradas parecidas. Esto es muy gráfico y les encanta, pero a la séptima partida ya se aborrecen y quieren otro. Por el contrario, juegos como pueden ser Tetris, Frogger, Collums, Puzzle Booble, Bomberman, Sonic, Mario, Donkey, Alex kidd… les ofrecen un reto simple con el aliciente de ir pasando de pantalla o dificultad. Además, jugando a los juegos clásicos adquieren experiencia y cultura general (del mundillo, claro está). No es lo mismo conocer a SONIC en su versión original o, al menos, sistema de juego original, que no en la versión actual de tableta que, en la mayoría de casos, termina siendo un cutre port para usar con un solo dedo…  

 

Y también, como también he avanzado (valga la redundancia), debemos controla MUY BIEN la dificultad del juego, para que no lo aburran enseguida… A todo niño, al principio, le gusta ganar. No obstante, este es otro factor a tener en cuenta: con el tiempo deben entender que un  juego es un reto y que por consiguiente, cuando vayan avanzando en el mismo, las cosas se pondrán más difíciles. Lo que debemos controlar, llegados a este punto, es que no se enfaden al perder o al tener que reintentarlo varias veces. Un ejemplo bueno para hacerles entender que no deben enfadarse es que comprendan que un juego es un software al que se puede jugar tantas veces como se quiera y que si se aburre se puede dejar sin problema. Lejos están los tiempos de los ARCADE y de la presión de perder diez duros en menos de un minuto.

 

Esto es un buen ejemplo a inculcar para que entiendan que no deben enfadarse por perder o no superar un nivel. Lo podrán intentar tantas veces como les venga en gana, sin necesidad de ponerse nerviosos o cabrearse. 

 

Evidentemente, si observamos este tipo de comportamiento (enfados por no ganar), debemos hablar mucho con el niño para convencerle de que así no se juega y si persiste la práctica, intentaremos cambiar de sistema de juego.

 

 

Una puntualización, con respecto al tema de enseñar a jugar y jugar con nuestros hijos, es que no debemos mostrarles, explícitamente, a que jugamos nosotros (en caso de ser jugadores) ya que, lógicamente, le tirarán mucho más nuestros juegos que los suyos (por pura admiración hacia nosotros o simplemente por ser de tiros o mamporros). Esto parece una chorrada, pero de no respetarlo, alteraremos el ritmo natural de juego de nuestro hijo y se perderá una etapa muy divertida y conveniente. Además, toda la pedagogía que habremos intentado invertir hasta el momento, se irá al garete en menos de lo que canta un gallo…

 

 

UBICACIÓN DEL CENTRO DE JUEGO Y MODO ONLINE.

 

Otro factor importantísimo para controlar la adicción, es saber, en todo momento, las horas de juego y como juega. Para ello, lo suyo es ubicar la consola (centro de juego) en un sitio común de la casa. Si ubicamos el sistema en un sitio como puede ser el comedor o la salita de estar, podremos analizar mejor sus reacciones al juego. Pensad que si un niño se acostumbra a jugar en un sitio frecuentado por otros miembros de la familia, su manera de jugar se convertirá en algo natural cuando estemos presentes, por lo que esto resultará perfecto para poder analizar “insitu” factores como la agresividad, el grado de distracción, distancia de juego, luminosidad de la sala...

 

Otra herramienta que puede ser de mucha ayuda, para asegurar que el sistema no se usa cuando no está permitido, es inutilizarlo. Requisar cables vitales como pueden ser el de AC o el de vídeo, esconder mandos, cortar la corriente del enchufe de la zona (mediante térmico o interruptor escondido), añadir controles parentales mediante contraseña... No es que debamos desconfiar de nuestros hijos de buenas a primeras, pero sí que a medida que se vayan haciendo mayores, intentarán burlar nuestras restricciones y no debemos permitírselo bajo ningún concepto.

 

Obviamente, a medida que el niño se vaya haciendo mayor, deberemos mostrarle más confianza, incluso, si cabe, accederemos a poner el centro de juego en su habitación, sin embargo, NUNCA bajaremos la guardia en cuanto al control de uso y, si hace falta, continuaremos escondiendo partes vitales del sistema. 

 

También me veo con la necesidad de hacer hincapié al tema del juego online. Por norma general, el uso online de un juego siempre suele ser más adictivo que el offline por, básicamente, dos razones: Todo juego online se acompaña de ránkings que, en un mundo tan competitivo como el que vivimos, cobran más importáncia de la que pensamos a simple vista. Puede haber críos a los que les motiva más jugar para ir subiendo peldaños en el ránking mundial, que jugar por divertirse. Además, otra práctica del modo online es quedar con amigos y puede que esos amigos jueguen con una frecuencia distinta a la que nosotros hayamos pactado con nuestro hijo, por lo que… ya tenemos el pollo montado. No se trata de prohibir el modo online (aunque a depende de que edad sí podamos obviar), sino de controlarlo muy bien.

 

Además, los juegos online suelen ir acompañados de pequeños chats o comunicación mediante audio, por lo que ya se le añade, a algo ya adictivo de por sí, un PLUS muy importante al poder hablar o intrectuar con otros usuarios en tiempo real. 

 

  

Y llegados a este punto, creo que poco más puedo exponeros acerca del tema. Lógica, comunicación y control son las mejores armas que tenemos (y debemos usar) para intentar que nuestros peques no caigan en la adicción tecnológica que tanto daño podría hacerles. 

 

A continuación, añado un pequeño chat para que formuléis vuestras preguntas al respecto del documento para que yo u otros usuarios podamos responder a vuestras dudas.

Así mismo, si creéis que el tema es algo delicado para exponerlo públicamente, podéis enviar un correo a (infobriconsola@gmail.com) e intentaré ayudar en todo lo que pueda. Gracias por vuestra colaboración. La adicción no es ningún juego!!

 

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