Me llamo Jordi Besalú y soy un independentista radical sin moral alguna, violento, nazi, secesionista, antidemocrático, contribuyente al tumulto, adoctrinado a la causa desde pequeño... En definitiva: un mónstruo MUY peligroso.

 

Todos estos adjetivos, más algún otro que no recuerdo en este momento, me los ha impuesto un gobierno que, curiosamente, no se las puede dar ni de limpio ni de ejemplar. Un gobierno que, además de poseer el récord de corrupción en España, está usando todo su mal saber para reprimir un pueblo que lo único que pretende es decidir su futuro mediante un referéndum, o sea, votar su porvenir.

 

Sé que es muy fuerte (y extraño) lo que expondré a continuación por lo que, para no herir sentimientos, permitidme excusarme con antelación.

 

No me debo a una constitución del año 1978 (curiosamente el año que yo nací, y ya he cumplido los 39…). No la voté, por lo que no me siento representado en absoluto. No tolero el maltrato animal en una plaza de toros, ni los palos injustificados en una manifestación pacífica. No me siento representado por un gobierno de derechas, anclado en el pasado e incapaz de dialogar y modificar su sagrada escritura para permitir un simple referéndum legal en una de sus comunidades autónomas. No me siento atraído, en absoluto, por los estándares patrióticos españoles. No encuentro justos unos títulos nobiliarios impuestos por no sé quién y que datan de no sé cuando. No quiero una familia real cuya única aportación al país es un déficit anual de 7’8 millones de euros. No me gusta la España actual; una España anticuada y rancia que se asemeja más a la realidad de Torrente que a la del país moderno y ejemplar que todos merecemos.

 

Con lo dicho hasta ahora, yo pregunto: ¿Tan raro es qué, ante la posibilidad de un cambio, me aferre a él?

 

Creo en un nuevo amanecer. Creo en sangre nueva para liderar un proyecto mejor. Me gusta soñar con la tan anhelada trasparencia política y unos índices de corrupción mínimos. Estoy ilusionado ante un movimiento, social y pacífico, que ha arrastrado a la clase política catalana hacia lo desconocido. Me declaro excitado ante el momento que estoy viviendo y me llena de orgullo compartirlo con mi familia y mucha más gente que, de muy distintas edades y condiciones sociales, mira al cielo con los ojos llorosos al oír Els Segadors. No obstante, pese a esa euforia controlada, me siento tremendamente frustrado por el comportamiento del gobierno español y sus cómplices parlamentarios. También, debo admitirlo, estoy decepcionado por Europa. Una Europa cobarde y mezquina que, como es lógico, aunque no ético, prima más los intereses económicos a los derechos humanos que defienden sus propios estatutos fundamentales. Una Europa que mira hacia otro lado mientras que, en Catalunya, el gobierno de Mariano Rajoy se salta las leyes a la torera y usa el Tribunal Constitucional como la mismísima maza de Thor; cargándose todo lo que le molesta o, dicho a su manera, considera anticonstitucional.

 

Presos políticos en pleno siglo XXI, humillación de un cuerpo policial ejemplar, destitución de un presidente elegido democráticamente, intervención de las principales consejerías de la Generalitat, censura de medios de comunicación públicos… No sé como veréis todo esto vosotros, pero yo lo veo más típico de Corea del Norte que de un país democrático.

 

Y, llegados a este punto de mi exposición, cuando todos pensáis que soy un bicho muy raro y tendéis a condenarme, os confesaré que no tengo nada en contra de España ni de su gente. Más bien al contrario… Tengo MUY BUENOS amigos y guardo recuerdos excelentes de mis viajes ahí. NO ODIO ESPAÑA, al idioma español, ni a su folklore. Ejemplo de ello es que, hará unos diez años, abandonara el catalán y apostara por el idioma español para la web. Lo hice para llegar a más gente (incluyendo a los amigos latinoamericanos). No pensé en mi, pues me era más cómodo hacerla en catalán, sino que pensé en poder ayudar a más gente y en hacer una web más útil y versátil a todos. También, como otro ejemplo de mis palabras, os diré que hace más bien poco he editado, mediante una editorial andaluza, mi primera novela y, curiosamente, en español. ¿Cómo puede hacer esto un independentista radical que votó que SÍ en un referéndum de auto determinación? Y ya rizando aún más el rizo, ¿Cómo puede un tío, así de raro, convivir en Catalunya con gente de habla española y cambiar de idioma sin perjuicio alguno?

 

 Pues con una sola premisa: respeto y tolerancia al prójimo.

 

Los catalanes no somos malos. Somos gente normal y corriente que aspiramos a algo mejor. No somos antiespañolistas, secesionistas, nazis ni nada por el estilo. Creemos en un cambio y luchamos por él. ¡OJO! Luchamos pacíficamente, como nos caracteriza y como nos enseñaron, entre otros, Jordi sanchez y Jordi Cuixart.

 

Aprovecho esos últimos párrafos para hacer un llamamiento a todos los españoles: Catalunya no es el culpable de la situación actual, ni el peligroso enemigo que augura el PP y Ciudadanos. El único culpable es un gobierno retrógrado, intolerante y corrupto que, además de llevar a España al filo de la miseria, juega a distraer la perdiz mientras muestra su verdadera cara en el conflicto de Catalunya: judicializar la política a su conveniencia, manipular los medios de comunicación estatales y por consiguiente divergir la realidad a medio país, encarcelar a gente inocente…

A veces, solo a veces, en el campo de la informática, no basta con un simple reinicio. En ocasiones la mejor solución a un problema grabe es un formateo completo del disco y, si precede, un cambio de sistema operativo.

 

Gracias por vuestra atención. Con esta reflexión doy por concluida mi implicación en la política y os invito a TODOS a que redescubrís una web llamada Briconsola. No sé como acabará este juego, pues hace relativamente poco que lo tengo, pero lo que si sé es que esta casa nuestra, Briconsola, está por encima de políticas, creencias y comentarios absurdos de facebook.

 

Atentamente:

 

Jordi Besalú (Bricoman)

 

 

Briconsola es mucho más que una web. Un sueño hecho realidad gracias a la ilusión de muchos que, basándose en recuerdos, aman y respetan los videojuegos.

 

Su creador, Jordi Besalú, es un verdadero enamorado de los videojuegos. Un chaval, como cualquier otro, que vió la necesidad de volver a conseguir todos aquellos aparatos que antaño le habían cautivado.

 

Unos cacharros electrónicos con la capacidad de hacernos viajar en el tiempo.

 

A sus catorce años, Jordi adquirió una Master System II y, desde entonces, su dedicación al hobby no ha menguado lo más mínimo.

 

Además de incontables horas de satisfacción, a lo largo de esos años, ha conseguido una experiencia y conocimientos que quiere compartir con todos vosotros aquí, en Briconsola.

 

Cuando en 2006 Briconsola se colgó por primera vez a Internet, una legión de seguidores se lanzaron a ella en busca de trucos y consejos para mejorar y conservar aquellos queridos artefactos que, según parecía, gustaban a muchos.

 

Tras un sinfín de problemas informáticos, batallas mentales y anécdotas, Briconsola se ha convertido en una de las webs españolas (no profesionales), dedicadas a los videojuegos retro, con más admiradores y simpatizantes. Más de cien visitas diarias nos avalan como una web de referencia, tanto en España como en América.

 

Gracias a todos por estar ahí detrás. 

 

Jordi Besalú (Bricoman)

 

21.10.17

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-Playstation 2.